Una gran parte de las ofertas de vacaciones que aparecen durante los días previos a cualquier periodo de descanso, incluye estancias en hoteles y resorts bajo el régimen all inclusive. Por lo mismo, este concepto se ha vuelto común entre quienes buscan pasar unos días de relajo sin preocuparse absolutamente de nada.

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A pesar de lo recién dicho y de la abundante oferta en el sector, vale la pena dedicar espacio para explicar algunas ideas elementales que se hallan detrás de la aparición de este tipo de turismo y del hecho de poder disfrutar de unas “vacaciones todo incluido”, con todo lo que eso conlleva.

 

Todo incluido: el comienzo

Lo primero es hacer un poco de historia. Para buscar los orígenes de los hoteles todo incluido, hay que retroceder hasta los años 30 del siglo XX con los Holidays Camps en Inglaterra. Posteriormente, durante la década del ’60, los Club Meditarranée colaboraron a dar forma a este concepto que durante los años 70 se extendió hacia el Caribe, donde terminó por consolidarse.

 

Los hoteles “todo incluido” inauguraron una modalidad de estancia que se caracteriza por ofrecer servicios integrados, lo que significa que en el precio final se incluye los billetes de avión, el alojamiento, los traslados, la bebida, la comida y las actividades deportivas complementarias. Sin embargo, como no existe un criterio uniforme en este sentido, la calidad y la cantidad de estas prestaciones dependerán de cada resort.

Es indudable que se trata de un tipo de oferta turística muy conveniente, especialmente para parejas o para familias. Y si se considera que los clientes tienen a su alcance una serie de servicios enfocados a hacer su estancia lo más cómoda posible, se hace evidente que estamos frente a una excelente oportunidad de disfrutar de unas vacaciones difíciles de olvidar.

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